lunes, 22 de junio de 2009

LAS POLITICAS PUBLICAS Y LOS POLITICOS

Las políticas públicas son el conjunto de decisiones gubernamentales que buscan solucionar problemas públicos específicos, es la forma de compromiso que adquiere un Estado, en busca de solucionar los problemas que le aquejan como Estado en si mismo y hacia los ciudadanos. Es la forma de cómo hacer el reparto de la riqueza. ¿Qué pasa, cuando las políticas públicas se vuelven un atolladero, sin salida? Como dice Saul Karsz. En la mayoría de los países en vías de desarrollo vemos como cuesta que el beneficio de una política pública llegue a los sectores para los cuales fue diseñada esa política. La razón, el problema se llama ejercicio de las políticas o mejor llamado ahora como la “gestión”.

La forma en que una política pública se pone en marcha es por medio de la gestión, los resultados de la política publica los podemos medir en cuando a los resultados de la propia gestión de esas políticas. Durante muchos tiempo la gestión pulbica se ha caracterizado por ser deficitaria. Las políticas publicas no siempre están en armonía con las políticas de gobierno. Como dijimos las políticas publicas son las que se diseñan dentro de un Estado, pero las políticas de gobierno son diseñadas a los interno de los partidos políticos, porque muchas veces la visión país de un partido político determinado, no coincide con la visión de gobierno de turno, y el divorcio entre ambas políticas es lo que genera una deficiente gestión. Los ministerios de planificación no cumplen, hoy dia, con la visión país del Estado y aquí tenemos unas de las razones porque los políticos de carrera, ya no convencen a sus conciudadanos. El discurso político se elabora –muchas veces- sobre la marcha, al igual que los programas de gobierno, y eso impide que su ejecución o gestión tenga éxito, no llega a la sociedad y afecta la convicción, la adhesión y la creencia en el gobierno y por ende en el Estado. Tenemos la costumbre de asociar gobierno con el Estado, de una forma casi automática.

La impotencia publica de cumplir sus objetivos es sin duda el factor determinante, entre el “deber ser” y “el ser” del Estado y del político.

Muchas veces nos confundimos y decimos que las políticas públicas deberían tener estas y otras perspectivas (algunos dicen con perspectivas de Familia, de Salud y así un sin número de estas) lo cierto de todo esto es la ausencia de una cohesión social. En donde toda la política pública tenga un norte definido y las tareas claras. La cohesión social es lo que nos va a dar la oportunidad de diseñar la gestión pública, que tome en consideración el riesgo social, es decir su impacto en la sociedad y sus miembros. No es un asunto de visión macro, por esta visión nos la da la política pública, es cuestión de que los beneficios de su aplicación lleguen a todas y todos los ciudadanos. En donde se tenga claro de una vez por todas que la “exclusión” es lo que imposibilita que se de ese ajuste entre la realidad social y la realidad excluyente de las políticas públicas. En la realidad social es donde vive el sujeto que necesita un desayuno diario, un empleo seguro y bien remunerado, un sistema de seguridad social que le permita sentirme salud y una jubilación justa. Esta es la realidad social del ciudadano, pero cuando este siente que nunca recibe las mejoras de las que le hablan, que no percibe una mejora en su hogar, en su comunidad, en su entorno social y que son parte de la oferta electoral de cada cuatro años; no habrá nadie en este mundo capaz de convencerlo de que esta o la otra oferta electoral es la mejor. Sobre todo lo sentimos en los jóvenes y su alto desinterés de participar en los procesos de elección.

No se trata que debamos solo pensar en subsidios, económicos, a los grupos vulnerables, se trata de incorporar a la sociedad activa a los que tradicionalmente han sido excluidos. Cuando jubilamos a un trabajador y no le brindamos medios para que se sienta parte de la sociedad, lo estamos excluyendo por el solo hecho de no estar laboralmente activo. Esto es una forma de exclusión. Esto puede ocurrirle a cualquiera. No hay forma de prevenirlo si seguimos es te mis patrón social. Aquí se rompe el lazo social.

El Estado debe procurar que este “Lazo Social” se mantenga, cuando este se rompe, la sociedad se vuelve insegura. Aumenta la pobreza, la desigualdad, la delincuencia, el consumo de drogas licitas e ilícitas. Los cuales se vuelven un lugar inseguro para sus habitantes. Es aquí donde el político deja de ser la esperanza y se vuelve un fraude ante los ojos de sus conciudadanos.

Al Estado, se le ha vuelvo un gran problema pensar en los problemas, se ha avocado tanto en la solución que olvido el problema y es cuando vemos una desarticulación de las instituciones del Estado y la gestión pública se vuelve lenta, costosa y desilusionante para la población.

Para revertir este proceso es necesario que la solución gire alrededor de la “noción de responsabilidad”. Nuestra sociedad ha producido una maraña de leyes en donde la responsabilidad se ha convertido en un concepto vacio y todo se ve en términos de riesgos. “El riesgo de reformar una ley en forma parcial es que salva mal elaborada” Pero no decimos: “Soy el responsable de que eso salió mal.” Pero ciertamente si queremos que la sociedad vuelva a creer en los políticos, debemos producir políticos responsables y no solo políticos que solo están dispuestos a asumir riesgos.

Publicado en el Diario La Prensa Libre, 19 de febrero del 2009

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