lunes, 22 de junio de 2009

MANEJAR EL PODER CON EXITO

Dentro de las primeras acciones del quehacer político de un aspirante, es sin duda ganar la nominación de su partido político y casi de forma inmediata, iniciar la campaña política que lo lleve al triunfo electoral y acceder al “poder”.

Me pregunto: ¿Se prepararán para administrar el poder con éxito? La respuesta la podemos encontrar en la forma en que integra los diferentes grupos de trabajo. Hay asesores y colaboradores que están preparados para ubicarse en diferentes trincheras políticas e incluso formar parte de todas, pero al igual hay otros que no son capaces de ser poli funcionales. No son capaces de desempeñarse con éxito en más de una actividad. Esto efectivamente hace la diferencia. La carrera por la nominación, por el triunfo en la elección y el ejercicio del poder, requieren de andamios diferentes. En donde, al cumplirse el objetivo, se debe retirar el andamio; nadie deja un andamio cuando el edificio está, totalmente, acabado. Así pasa con los diferentes equipos de trabajo. Es posible que del andamio anterior podamos aprovechar “alguna madera” y reutilizarla en el siguiente andamiaje. Pero, ciertamente, se necesita una madera nueva, que apoye los maderos de lo que fue el viejo tablado. Si el político siente que debe usar “solo y únicamente” la mismo plataforma, puede que le funcione en los dos primeros objetivos, pero, inevitablemente, no le va a funcionar en el tercero y que no es menos importante, que los anteriores, por los dos primeros al final son acciones para alcanzar el poder. Es aquí donde nos vamos a detener y hacer algunas reflexiones.

En el siglo pasado, era muy común interpretar el triunfo del acceso al poder como el derecho al disfrute sin control del ejercicio del gobierno, en donde todos los colaboradores tenían derecho a su “premio”, el de repartirse los puestos dentro de la administración pública como gratificación; no se valoraba con seriedad que la designación a un cargo debía ser producto de una buena reputación, bien conocida, por su especialidad profesional o por meritos anteriores dentro de una carrera política y esta ausencia hacia que el “poder” fuera manejado en forma, imprudente, irresponsable, abusiva y corrupta. Así es como nacieron grandes escándalos por el mal manejo de fondos públicos.

Ahora sabemos, que actuar de esa forma, es un suicidio político del líder, sus asesores y colaboradores.

El sistema judicial se ha fortalecido y ha podio investigar e iniciar causas penales, para así juzgar a los funcionarios públicos que han cometido actos criminales contra la administración pública. El brazo de la justicia penal hoy día alcanza hasta los que han ejercicio la presidencia de la República, magistrados, diputados, ministros, en fin a toda la clase política.

El éxito solo se podrá alcanzar, si el político se rodea de los más capaces y no solo de los más “leales”, porque la lealtad no es sinónimo de capacidad. Son situaciones diferentes. Claro está que seria magnifico que el Presidente cuente con funcionarios capaces y leales a su ideal político.

En campaña, sabemos, que se debe presentar al electorado un “ofrecimiento” y si la mayoría de los votantes son persuadidos a elegir ese compromiso, es cuando se obtiene el triunfo electoral, debe entregarse lo prometido. Recordemos que cuando nos hacen una oferta, como en el caso de un almacén, y esta nos gusta o nos interesa, pagamos un importe por ella y exigimos que se nos entregue lo que adquirimos, así sucede en la política. La oferta no es un engaño, es un “contrato político” donde yo doy mi voto y el político debe honrar su palabra cumpliendo lo prometido. Solo así seremos exitosos en el manejo del poder político.

El ejercicio del poder es sin duda una responsabilidad que si no es asumida con la ayuda de los mejores, deja un saldo en descubierto que los electores cobran al final. No hay duda que las facturas en política nunca prescriben.


Publicado en el periodico La Prensa Libre, 18 de mayo del 2009

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